La ciudad española de Barcelona ha aplicado medidas para eliminar la presencia excesiva de autos. Ha construido muchos carriles para bicicletas y supermanzanas para desahogar el tráfico vehicular, sobre todo en zonas de escuelas. La pandemia de Covid-19 ha acelerado las iniciativas para priorizar los espacios públicos.

La alcaldesa de la ciudad, Ada Colau, ha dedicado su gestión a las áreas públicas, invirtiendo en cemento, pintura, vallas y mucho más. Durante la pandemia ha trabajado 50 hectáreas de asfalto, reestructurando algunas calles.

Barcelona no es la primera ciudad que atraviesa una reestructura interna para estimular otros métodos de transporte además de los carros. Nueva York, Berlín, Ciudad de Panamá, Bogotá, Toronto y la Ciudad de México también han reconocido la importancia de estas obras para la vida diaria de las personas.

Esta estrategia urbanística no se quedará como una política relacionada a la pandemia, según asegura. Los avances en los últimos meses servirán de base para crear nuevos “ejes verdes” o “cívicos” en una de cada tres calles de la zona.

“Hay actuaciones de urbanismo táctico que son aisladas y otras que tienen voluntad sistémica. Barcelona no las plantea como una anécdota, sino de manera estructural. Si algo han demostrado las acciones para ganar espacio público durante la pandemia es que se podían eliminar carriles de circulación y que la ciudad no ha colapsado“, dijo el arquitecto jefe municipal, Xavi Matilla.

Con la construcción de más ejes verdes y supermanzanas, las autoridades de Barcelona esperan reducir el tráfico.

“El programa tiene una traducción estructural en la transformación urbana de toda la ciudad. Repensar el plan Cerdà del siglo XXI para ver cómo deben ser las calles, las plazas o los cruces“, señaló el arquitecto.

Incluso se está considerando lanzar un concurso municipal de diseño urbano para obtener ideas e incluir a la comunidad en la transformación de Barcelona.

Los obstáculos del proyecto son notorios, pues la necesidad de la población de desplazarse es real, y limitar su modo de viaje puede traer problemas en el corto plazo al no poder usar vehículos.

Existen un enorme debate entre los urbanistas, arquitectos y, sobre todo, taxistas sobre el futuro de la ciudad con respecto a estas medidas ecológicas; sin embargo, el diálogo se mantiene.

Fuente: El País