Un artículo de The Economist apunta que los gobiernos en países del mundo deben promover la descongestión de vehículos y, por lo tanto, la reducción de emisiones de carbono. Por lo que el apoyo a proyectos innovadores de transporte público es clave para lograr estos objetivos.

La publicación cita que algunas obras de urbanismo, como la construcción de un nuevo túnel en Nueva York, son innecesarios frente a la demanda de soluciones que puedan facilitar a los ciudadanos de a pie el poder moverse en las ciudades, o trasladarse de ciudades satélite a otras sin mayor complicación.

Sí, los gobiernos deben invertir importantes cantidades de dinero para reforzar sus sistemas de transporte público. “Los países deberían dejar de celebrar referéndums sobre esquemas de tarifas por congestión y seguir creándolos”, reza el texto.

Los fondos recaudados por servicios de transporte, señala el medio, deben re invertirse para la transición de energías limpias, además de más alternativas de transporte público.

“La tarificación vial debe ser principalmente para gestionar la demanda y recaudar dinero para el transporte público. Se pueden emplear otros métodos, como regulaciones, subsidios e impuestos sobre el combustible, para sacar a la gente de los vehículos más contaminantes”.

Claro, este tipo de medidas generará descontento entre los usuarios de vehículo y sindicatos de transporte. The Economist  opina que es un “mal necesario” para alcanzar mejor desempeño a largo plazo.

“Debido a que muchas personas han aprendido a trabajar desde casa, los ingenieros no deben temer trabajar en carreteras o ferrocarriles entre el lunes y el viernes, en lugar de interrumpir una serie de fines de semana. Y cualquier sindicato del transporte que amenace con ir a la huelga es bienvenido a intentarlo”.

A juicio del medio especializado, los sindicatos ya no tiene la suficiente influencia como para paralizar ciudades con protestas en vías públicas.

Fuente: The Economist