Londres es un ejemplo de cómo una gran ciudad puede transformar sus niveles de contaminación en poco tiempo. En 2016, más de 2 millones de personas, lo que representa una cuarta parte de la población total, vivía en zonas con altísimos niveles de contaminación.

La contaminación en esta ciudad llegaba a tal punto en que al año morían 36,000 personas de manera prematura por razones relacionadas a la contaminación. La mayor parte de la contaminación, se debía a los vehículos.

Sin embargo, hoy por hoy, tras millones de libras esterlinas invertidas en proyectos ambientales, la situación es diferente, pues la capital inglesa ha registrado una una reducción del 94% en la cantidad de personas que viven en áreas con niveles ilegales de dióxido de nitrógeno, un contaminante que causa daño pulmonar.

Otras ciudades que han avanzado en sus objetivos ambientales son Oslo, Hamburgo, Ljubljana, Helsinki y la lista sigue…

Londres ha aplicado desde multas a vehículos más contaminantes, hasta cambios en el diseño urbano de la metrópoli, de manera que se pueda reducir el tráfico e incentivar a los usuarios a usar otros medios de transporte.

 “El nivel de reducción del tráfico es transformador y es durante todo el día”, comentó Claire Holland, líder del consejo en Lambeth, un distrito en el sur de Londres. Lambeth ha registrado 25,000 viajes diarios en automóvil menos desde 2020.

En dicho distrito, a partir del mismo periodo el ciclismo ha aumentado en 40%.

La estrategia de la ciudad también se ha basado en crear razones positivas para tomar un autobús o andar en bicicleta.

 “En áreas urbanas abarrotadas, no se pueden mejorar los autobuses si esos autobuses todavía están siempre atrapados en el tráfico de automóviles”, apuntó Rachel Aldred, profesora de transporte en la Universidad de Westminster y directora de Active Travel Academy.

 “La evidencia académica sugiere que una combinación de características positivas y negativas es más efectiva que cualquiera de ellas sola”, añadió

La quinta parte de las emisiones de carbono en Europa se producen por viajes en automóviles, así que los países que tengan objetivos de descarbonización, saben que tienen que abordar el sector de la movilidad.

Las descaronización no es lo único que se consigue al reducir la conducción en una ciudad. En ciudades como Oslo y Helsinki, se ha reducido drásticamente los accidentes de tránsito y las muertes que ocasionan.

Si bien las políticas para reducir el tráfico y la presencia vehicular en las calles son necesarias, los gobiernos de las ciudades siempre sufren una gran oposición al momento de querer implementar cambios.

En Londres, a pesar de los rápidos resultados que registró, al principio generaron incluso disturbios, los políticos llegaron a recibir amenazas de muerte.

Incluso citando casos internacionales, no es posible convencer a la gente de tomar medidas de este tipo. Londres a pesar de las dificultades siguió adelante con sus políticas y, en la actualidad, estudios locales han arrojado que la aceptación por las medidas crece cada vez más.

El desarraigo del coche en una sociedad no es difícil solo por la necesidad de transportarse, sino que muchas personas ven el tener coche como un logro personal que proyecta estabilidad, éxito y libertad frente a las demás personas.

Una vez la ex primera ministra británica Margaret Thatcher dijo: “Un hombre que, más allá de los 26 años, se encuentra en un autobús puede considerarse un fracaso”.

Esta tendencia además de errónea va contra la evolución de consciencias que debe atravesar la sociedad global para cumplir sus objetivos ambientales.

Fuente: Wired